viernes, 3 de junio de 2016

La burla de la Muerte

Eran los sueños de un alma maldita en una noche de verano. No dejaba de ver las caras lanzando sus insultos, sus maldiciones,...el viejo campesino no podía cerrar los ojos sin verles de nuevo.

Las bocas sangrantes, los ojos pútridos, las manos despellejadas. Y por supuesto, los agujeros de bala en los que podía ver sus propios pecados y las almas que le condenaban al Infierno.

La Muerte le miraba con su cadavérica sonrisa y su guadaña afilada desde el otro extremo de la habitación. No faltaban muchos minutos para llevárselo y parecía regocijarse en la idea. Torturaba a quien tan bien le había servido entregando almas a los paredones, allá en los tiempos de guerra civil.

El campesino atormentado, gritaba sin poder moverse de su cómoda cama. Cama pagada con dinero acuñado en sangre. Con las riquezas generadas por sus vastas tierras, por los sueldos de un gobierno opresor que le había respaldado disparando a sus vecinos. Era un perro fiel, una rata cobarde y agradecida.

Había creído que las injusticias no eran castigadas porqué no era devoto. Ahora a punto de dar el paso, tenía miedo de morir, no por todo los bueno que dejaba tras de sí. No podía hacerlo, viendo a quienes había delatado para arrebatarles todo. No soportaba aquel castigo divino. Pero se estaba equivocando y la carcajada, fría y sin corazón, de su única compañía en la habitación se lo demostró. Aquello, sencillamente, era parte de un juego ancestral.


Era la burla de Muerte.